08/01/2021 Le he dado algunos retoques y (creo) que he mejorado un poco los diálogos de este pequeño relato, gracias a las personas que así me lo indicaron en los comentarios. ¡Espero que os guste!
¡Hola!
Casi a última hora, aquí tenéis el relato de este mes. Saludos a
tod@s :)
...
Mi
vecina
Estresada,
Marta tiró el cigarrillo al suelo y lo pisó con la suela de su
zapatilla de “ositos”. Los gritos de sus vecinos le llegaban
desde su izquierda por cuarta vez consecutiva aquel día y para
acabarla de joder, odiaba los petardos y aquella noche era San Juan.
La mujer se revolvió el pelo con furia y se sentó de un golpe en el
sofá. ¡No podía más, necesitaba ir a trabajar! Al menos su
trabajo le gustaba más que esto: chicas desnudas, todo tipo de
objetos de plástico por aquí y por allá y follar hasta terminar
tan reventada que sólo con tumbarse en la cama se dormía. Eso
definitivamente le gustaba mucho más que los ruidos ensordecedores y
los gritos de sus queridos vecinos.
Tapándose
la cara, se tumbó en el sofá, y ¡voilà!, los gritos pararon de
repente pero aún así no los petardos. Marta suspiró pero no pasó
mucho tiempo hasta que escuchó un repiqueteo en la puerta de su
casa. Intrigada, se levantó y se acercó a la entrada con la clara
intención de mirar por la mirilla. Sufrió un retortijón en el
estómago y las mejillas se le colorearon. Estaba impactada.
—¿Qué
hace aquí la vecina?
Abrió
la puerta un poco pero al verla quiso dejarla pasar enseguida: tenía
marcas de llanto en sus ojos y mejillas y un pequeño cardenal en el
pómulo derecho, además, podrían haberla tachado de superficial
pero, ¡le parecía tan mona! Desde que la había visto por primera
vez: con esos ojitos marrones como dos luceros, el pelo castaño
claro y corto enmoldando un rostro redondo y perfecto. Dios mío, qué
bonita era.
—Buenas
noches, ¿me dejaría usted pasar? —preguntó la chica con una
vocecilla casi inaudible.
—Cla-claro...
—Marta se sorprendió, ¿qué la llevaba a tartamudear en presencia
de una chica así? No podía entenderlo.
La
hizo sentarse en el sofá y se preguntó qué era lo mejor en estos
casos. Al no saberlo, fue a la cocina y volvió a los pocos segundos
con un gran vaso de agua y un buen puñado de servilletas. Se las
dejó en la mesita de al lado del sillón y se sentó junto a ella.
—Espero
que esto te sirva.
—Muchas
gracias —la vio tomar un sorbito de agua y dejar el vaso donde
estaba para después tomar una servilleta y limpiarse educadamente
con ella. Daba la impresión de ser una niña pequeña con buenos
modales.
Marta
creyó que ya había dejado pasar un tiempo prudente, así que se
decidió a preguntarle qué es lo que había pasado, aunque ya lo
sospechaba.
—Escucha...
¿Q-Qué ha ocurrido para que vengas a mi casa a estas horas?
La
chica se la quedó mirando con unos ojillos lastimeros que le
rompieron el corazón. Enseguida, estos se le llenaron de lágrimas y
se tiró en sus brazos, llorando desconsoladamente.
—¡Pues
he discutido con mi novio! —exclamó en el tono más alto que le
había oído hasta ahora. Marta tragó saliva. El corazón le latía
a mil por hora. “Me ha abrazado... calma, calma...” —se decía
a sí misma.
Poco a
poco, consiguió ponerle los brazos alrededor del cuerpo sin sufrir
un infarto en el intento y en esa posición, la chica lloró durante
por lo menos treinta minutos.
—Aún
no sé cómo te llamas.
—Carmen
—empezó—. Mi nombre es Carmen. Perdóneme, vine a su casa porque
no sabía a dónde ir. Los demás vecinos parece que están de
verbena y no quería quedarme en casa después de que mi novio se
fuera.
—¿Se
ha ido?
—Sí,
siempre lo hace. Luego siempre vuelve, lo cual es una suerte.
—¿Suerte?
—Marta suspiró. Aquella chica no tenía ni idea de en lo que
estaba metida.
…
—¿Y
entonces en qué trabajas, Marta? —preguntó la chica. Suerte que ya había dejado de usar aquel tratamiento de usted que la martirizaba.
—Pues
soy... —Marta se lo pensó un momento, ¿cómo le iba a decir que
era actriz porno de películas lésbicas? No iba a decírselo. Fin de
la historia—. Soy actriz.
—¡Oh, suena muy interesante!
-Lo es —dijo Marta, con usa sonrisilla nada inocente—Per casi siempre nos encasillan en los mismos temas. Deberían variar un poco.
-Yo de momento no trabajo, pero mi novio dice que una mujer no debe hacerlo...
-"Esta chica no tiene filtros".
-...él cree que con su sueldo es suficiente para ambos.
...
Marta
estiró los brazos y bostezó largamente, cansada. Miró el reloj que colgaba de la pared y vio que ya casi eran las seis de la mañana. Cuando hacia
la ventana, la luz tornasolada del amanecer ya despuntaba.
—Parece que se nos ha hecho de día.
La más joven mira la hora y se levanta como un tornado.
—¡Dios
mío, qué tarde! Bueno, me voy ya, que se ha hecho
de día y mi novio debe estarme esperando.
—Que
te sea leve. Cualquier cosa, vuelve.
Por lo
visto, la chiquilla tenía una mente muy densa para entender las
cosas pero estaba decidida a hacerla cambiar de idea respecto a estar
con su novio. Aunque le costase horas de sueño. Desgraciadamente, no
iba a ser un trabajo fácil.